martes, 14 de diciembre de 2010

Crónica de una Nativa Digital

Elimar Bello T.

El ser humano es naturalmente curioso, debe ser por eso que los niños no le tienen miedo a las teclas de la computadora, ni a los comandos de un software. Ellos nacieron en plena era digital, son nativos digitales, comprenden que el mundo puede conocerse gracias a la web y que las relaciones personales también pueden sustentarse en los entornos virtuales. Ser nativo digital implica una noción de mundo que no todos los migrantes digitales comprendemos.
“Todo está en la web” dice mi hija de nueve años, nacida con el milenio, ya tiene un blog, tres cuentas de correo electrónico, canal en You Tube, espacio en Facebook y hasta creó su propia red social. Mi pequeña nativa digital comprende el mundo de una manera distinta, para ella en el chat no hace falta la ortografía porque la “ciberlingüa” lo permite todo: palabras sustituidas por imágenes, emociones expresadas a través de emoticones, intercambio de letras por signos de puntuación o por símbolos que significan otras cosas en la correcta ortografía que aún le exigimos a nuestros chicos en la escuela.
A veces, al ver nuestro rostro o escuchar nuestros comentarios sobre la corrección ortográfica que debe manifestar una persona de su edad, inmediatamente se corrige y corrige a sus interlocutores en pantalla. La mayoría de esos interlocutores (foto y apodo) se excusan diciendo que nadie se preocupa por la ortografía cuando chatea; como es de esperar, en la línea siguiente vuelven a aparecer mil errores ortográficos sustentados en el hecho cierto de que los espacios web están dominados por la inmediatez y la falta de tiempo para enmendar lo que se “dice” en el chat. Evidentemente, en su afán por replicar la rapidez de la comunicación oral, el chat ha propiciado la difusión de la ciberlingüa, de la imagen que sustituye una letra o una palabra. Si todo se quedara en el entorno virtual, sería maravilloso, tendríamos la sensación de que “cada cosa está en su lugar”, pero esta “generación vitrina”, tal y como la denomina Giovanni Sartori (2005), no ha comprendido plenamente la profundidad de esa frase y continúan manejando la ciberlingüa en entornos reales como la escuela, creando en quienes observamos, la sensación de estar en presencia de un interesante proceso de cambio lingüístico que tarde o temprano permeará las disposiciones de la RAE.
Mientras tanto, la pequeña nativa digital sigue coleccionando espacios virtuales para exhibir lo que piensa, lo que le gusta y lo que detesta, creando y recreando junto a sus pares una ciberlingüa que cambia cada día con una velocidad que sorprende tanto como la velocidad de la era digital.

Fuente citada:
Sartori, G. (2005) Homo Videns. La Sociedad Teledirigida. Editorial Suma de Letras. España.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Medios de Comunicación Social y Violencia


Elimar Bello T.


Los medios de comunicación no son los responsables directos de la violencia que se produce en cada calle de nuestro país, puesto que existen otros factores que pueden ser aún más determinantes en la formación de un individuo y que le predisponen para reaccionar de formas inesperadas a estímulos que, en otras circunstancias, no se derivarían en agresiones a otras personas. Un ejemplo de ello es el contexto, ¿cuántas personas se han formado sin el influjo directo de la televisión y, sin embargo, son capaces de agredir a otro ser humano, sin importar su edad o sexo?, en nuestros campos todavía encontramos pueblos en los que no todos tienen un aparato de televisión o, en caso de tenerlo, captan pocas señales de T.V. debido a las intrincadas montañas que lo rodean, en una realidad así también se producen agresiones en las que no se justifica en nivel de violencia. Se ha demostrado que la influencia del contexto es determinante, si conectamos eso con el ejemplo anterior, podemos darnos cuenta de que más determinantes en la formación de una persona son los ejemplos y la realidad que ve día a día, puesto que a convivir sólo se aprende sumergidos en el entorno, un entorno que no siempre muestra su mejor cara. Debido a lo anterior, no nos es extraño que los niños manifiesten actitudes agresivas ante otros niños a los cuales consideren débiles o desprovistos de protección, de igual manera accionan muchos adultos, para quienes el control del otro puede estar en la agresión y en la violencia.Pareciera entonces que el ser humano es un ser intrínsecamente violento, o por lo menos con una alta predisposición a la violencia. Los medios de comunicación serían entonces sólo un reflejo de lo que quiere la audiencia, violencia en múltiples formas que compense o permita hacer catarsis a aquellos que no pueden, por razones morales, asumir un comportamiento violento con sus semejantes. En tal caso, las empresas mediáticas no estarían propiciando una sociedad más violenta, sino reflejando lo que la sociedad misma es; tal panorama es desolador por cuanto se transforma en una serpiente que se muerde la cola, si la sociedad es violenta, los medios de comunicación lo reflejan; si los medios de comunicación transmiten violencia, es porque existe una sociedad consumidora que está dispuesta a seguirla aceptando.En el ámbito de la educación este tipo de reflexiones no nos es ajeno por cuanto trabajamos con seres humanos y vemos la violencia del hogar y de la calle reflejada en el comportamiento de nuestros estudiantes, en mi caso particular he trabajado con todos los niveles, desde el quinto grado de Educación Básica hasta el nivel universitario y siempre me he encontrado con comportamientos violentos, desde la agresión verbal, hasta los empujones y golpes que pueden ser provocados por situaciones que no merecían llegar a tales niveles, razón por la cual coincido con Montserrat Quesada (1999) cuando afirma, parafraseando a José Sanmartín, que “…la violencia es el resultado de la interacción entre una agresividad natural y la cultura.” En efecto, si vivimos en una sociedad en la que la violencia incluso se llega a justificar, es muy difícil que los individuos entiendan que la misma no es un comportamiento normal y que más bien constituye una desviación de esa normalidad en las interrelaciones sociales. El ambiente familiar y el entorno psicosocial son elementos que determinan las reacciones del individuo, sin duda, y este es uno de los aspectos que se vienen planteando insistentemente, el entorno familiar es determinante para que los individuos aprendan qué y cómo afrontar la realidad y a otros seres humanos, es por ello que al iniciar nuestras reflexiones nos permitimos expresar que, aún sin la influencia de los medios de comunicación, un individuo puede desarrollar conductas violentas y reacciones inexplicables que conducen a cualquier tipo de agresión.Ahora, ¿estos son los únicos elementos determinantes para que exista una conducta violenta? Realmente, si tomamos en cuenta que los individuos pueden llegar a carecer de estructura familiar y de estructura psíquica, es decir, pueden llegar a padecer algún trastorno psíquico, veremos que no sólo la influencia del entorno, del ambiente familiar y de los medios son los detonantes de las situaciones de agresión, también lo sería el trastorno que manifiestan los actores de la situación.Para culminar, nos atrevemos a concluir que el panorama de la violencia no es tan sencillo como para afirmar que los medios de comunicación son los culpables de la violencia, se trata de toda una serie de factores, incluidos los genéticos, que predisponen a un individuo a ejercer la violencia o a permitir la violencia en su contra, siendo la única manera de prevenirla la educación y la creación de campañas de concientización dirigidas no sólo a las víctimas sino también a los victimarios.

Reflexión en torno a:
Quesada, M. (1999) “Violencia mediática y reacción social”

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Cultura y TIC

Elimar Bello T.

La cultura es el elemento que nos identifica como pertenecientes a un determinado grupo, la misma se transmite a través de la educación formal y de la no formal y la tecnología en la actualidad, nos enfrenta a la paradoja de un mundo globalizado virtualmente pero cada vez más cerrado, puesto que no todos tienen acceso a la tecnología ni a la utopía del mundo igualitario que a veces se quiere vender por esta vía.
Sin embargo, el acceso a la tecnología se ha venido transformando en una exigencia cultural que a futuro, se espera, permita que más personas se “sientan” parte de un grupo intercultural que, de heterogéneo pasará a ser, poco a poco, más homogéneo, convirtiendo en realidad la “aldea global” de McLuhan. Necesitamos espacios para pensar hasta qué punto esta confluencia de culturas y de saberes incidirá en la forma en la que nos vemos a nosotros mismos, a nuestro entorno real inmediato y a nuestro entorno virtual (a veces más cercano y trascendente que la realidad).

viernes, 26 de noviembre de 2010

CIUDADANOS DEL CIBERMUNDO

Navegar en la web puede crear la sensación de que todos somos iguales, sin diferencias étnicas, sexuales o de edad, sin embargo, ¿hasta dónde llega esto? En principio ser ciberciudadano implica la pertenencia a un mundo virtual que llega a ser absolutamente real para el que se sumerge en la red, pero que es totalmente inexistente para el que no tiene ni idea de cómo se enciende una computadora.
Los mecanismos de interacción social que somos incapaces de crear en la realidad, se establecen ¿naturalmente? en el cibermundo; así tenemos casos en los que los individuos no se saludan cuando se encuentran persona a persona (en el mundo real) pero se envían regalos o besos virtuales en los espacios para el chat y en las redes sociales.
Esta nueva y bipolar visión de las relaciones interpersonales (en el mundo real no te hablo, en el mundo virtual te mantengo informado de mi vida) debería provocar la reflexión en torno a lo que se va creando en la psique colectiva, especialmente en los más jóvenes, puesto que el mundo real no existe, es una fantasía circunstancial y temporal que permite penetrar en el mundo virtual, con una cibersociedad en la que los ciberamigos y los ciberespacios son más significativos.
La discrepancia entre el mundo virtual y el mundo real es preocupante para aquellos que se detienen a pensar en el futuro caótico que nos espera; pero para otros, que aún persiguen la quimera de un mundo absolutamente controlable, ese cibermundo es ideal puesto que su responsabilidad se restringe a manejar las herramientas básicas: ctrl+alt+suprimir; escape; cortar y pegar; es decir, las herramientas básicas para la cibersupervivencia.
Lo único que nos deja el cibermundo como certeza es que aquel que maneja las herramientas controla los elementos de su ciberentorno, pero cuando cortan la corriente eléctrica ¿qué le queda al ciberciudadano que acaricia un ciberadicción?

31/07/2010