Sinceramente envidio a los nativos digitales, ellos no se detienen ante la pantalla en blanco. Teclean sin cesar los comandos necesarios para salir del aprieto, nunca se congelan aunque sufren profundamente cuando la tecnología se olvida de funcionar. “El DS no lee
Descubrir que el aparato que enlaza el mundo virtual con el mundo real deja de funcionar, es tan trágico como cualquier desgracia inesperada. Y es lo inesperado del hecho lo que puede sacar de quicio a un nativo digital. Para ellos, las tecnologías son seguras, asépticas, no hay mayor riesgo que el de esperar que una estrategia funcione en Age of Empires y que simplemente no lo haga. Sin embargo, la realidad puede caerles encima con todo su peso cuando las teclas del hardware no responden y deben recurrir al salvador que solucionará el problema técnico; el detalle está en el paso inexorable del tiempo, ¿cuánto puede vivir un nativo digital sin tener acceso a la tecnología?
La experiencia de ver a un nativo o a un migrante digital sin tecnología alrededor es bastante interesante, al igual que con otras dependencias las consecuencias psicológicas son visibles para los migrantes digitales, los vemos cambiar su actitud, transformarse en inconformes seres que demuestran su aburrimiento ante cualquier intento analógico de distracción. Algunos, como suele suceder con la depresión, se acuestan a dormir; otros sustituyen la pantalla de la computadora por la todavía básica pantalla del televisor y estos son los que mejor sobrellevan la ausencia, los que suplantan un aparato tecnológico por otro; en pocas palabras, la tecnodependencia se ha transformado en una característica de los nativos digitales.
¿Se dañó el Play Station?, recurren a
Los jugadores, a quienes me niego a llamar ludópatas, ya sean migrantes o nativos digitales, son los más sensibles a desarrollar la tecnodependencia, debido a que el homo ludens, que todos somos, aprende a disfrutar los espacios de distracción, efectos, niveles de complejidad y evasión que proporcionan los videojuegos dificultando el que puedan ser suplantados analógicamente.
Obviamente no sólo los gamers pueden vivir en un estado de tecnodependencia, también los más “intelectuales” pueden obsesionarse con la cantidad de información y de libros que encuentran en la red, llenando cualquier cantidad de gigas de información que reposará en discos duros externos (“porque en
Sin duda, la tecnodependencia nos atrapa a todos, seamos migrantes o nativos digitales; ninguno está exento del influjo, casi mágico, de la pantalla que nos sumerge en mundos virtuales donde el poder y el control están, aparentemente, en nuestras manos.
(2010)